PopNovel

Leer en PopNovel

La última sabia

La última sabia

Autor:Magda Kinsley

En proceso

Introducción
En Ferrería, 1985, Suevia ha perdido lo que más ama y la vida se le antoja vacía de color. Descendiente de meigas y estudiante aventajada de Sabiduría, ha tomado una decisión: recuperar lo que le fue arrebatado. Pero alguien cercano busca lo mismo, aunque por motivos diferentes. Las muertes de las Sabias, poderosas brujas centenarias, pondrán en peligro su misión.
Abrir▼
Capítulo

Arrastro mis pies descalzos por el Bosque de las Ánimas mientras la vida se escurre entre mis dedos. Los cortes dibujados sobre mi piel escupen sangre fría, una broma cruel de la vida recordándome que ya no tengo corazón. Solo deseo que todo acabe cuanto antes, aunque duela, me da igual. Daría cualquier cosa con tal de sentir algo. Por desgracia, el tiempo ha forjado una coraza sobre mi ser, convirtiendo mis huesos en acero y mi corazón en un pedazo de hielo que apenas late ya. Algunos días siento la tentación de rendirme, pero mi instinto de supervivencia, rebelde por naturaleza, me impide dejarme llevar. ¡Ilusa de mí! Aún conservo la esperanza de que algún explorador despistado recupere los pedazos de mi alma y los mime, aunque sea un poco, antes de recomponer con ellos el puzle de mi vida. Empiezo a pensar que nadie los hallará jamás, enterrados como están bajo capas y capas de sufrimiento.

Dicen que escribir ayuda a liberar emociones atrapadas. Ignoro si es cierto o no, pero todavía me atraganto cuando pienso en aquella noche de San Juan. Dudo que esa sensación desaparezca alguna vez, por mucho que escriba sobre ella.

Se supone que la vida tiene un principio y un fin, que no está en nuestras manos intervenir en dicho curso, liderado por un ente misterioso e inaprensible llamado destino. Por suerte, alguien me dijo una vez que todo es posible para aquellos que no temen burlar las leyes de la naturaleza, por muy severo que sea su castigo. Me aferro a eso, pues el peso de la culpa, parásito artero y silencioso, lleva demasiado tiempo devorándome. Sé que pronto no quedará nada dentro de mí; cuando llegue ese momento, mi alma abandonará mi cuerpo y recorreré el mundo como una muerta viviente. Es una cruel condena seguir respirando cuando no me queda nada por lo que vivir, pero estoy dispuesta a aceptarlo siempre y cuando se me permita reparar el daño que causé, pues solo entonces podré descansar en paz. Ofreceré mi alma al mismísimo diablo si es necesario. Al fin y al cabo, es una pena más que adecuada para una asesina, ¿no os parece?

«Cuidado con la hoguera que enciendes contra tu enemigo, no sea que te chamusques a ti mismo».

William Shakespeare