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Del Sótano al Trono: Búsqueda de la Inmortalidad

Del Sótano al Trono: Búsqueda de la Inmortalidad

En proceso

Introducción
Según la leyenda, Píldora Celestial podía hacer realidad los deseos más profundos de la gente. El Clan Anderson, una de esas poderosas familias que poseían dos de las Píldoras Celestiales, y Brycen, el primogénito de la nueva generación, fue considerado el más digno de tomar la Píldora Celestial. Sin embargo, la suerte no duraba para siempre. Hace dos años, el padre de Brycen fue inculpado y asesinado por sus hermanos, posteriormente, Brycen fue convertido en un esclavo que cumpliría el rol de ser un saco de boxeo. Durante dos años en el sótano, Brycen no recibió más que humillaciones y palizas despiadadas, perdió su dignidad, su poder, y todo su amado. Pensó que ya no podía más, por eso quemó hasta las cenizas el libro heredado que le dejó su padre... Justo en este momento, Brycen vio un rayo de luz dorada que salía de las cenizas. Luego, cada parte del cuerpo de él estaba cubierta por los pequeños fragmentos de oro...
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Capítulo

Era una mañana de finales de otoño, y a medida que el amanecer disipaba las sombras oscuras, el sol aportaba algo de calor a la fría atmósfera.

En el sótano de la casa del Clan Anderson, un joven llamado Brycen Anderson encendió una lámpara de aceite mientras estaba sentado frente a una mesa, ocultando la mayor parte de la luz que ésta producía con su cuerpo y, en completo silencio, sacó un maltratado libro encuadernado en hilo.

Él era un hombre delgado de apariencia corriente que acababa de cumplir 17 años, pero, a pesar de ello, sus ojos eran tan resplandecientes que brillaban de forma encantadora incluso bajo la tenue luz proyectada por la lámpara, dándole un aire apacible.

“Me ha tomado todo un mes terminar Los Principios Divinos. Sus argumentos son muy buenos, pero no puedo dejar de sentir repugnancia ante esas cuatro palabras: Pagar crueldad con amabilidad”, murmuró Brycen mientras miraba la diminuta llama de la lámpara de aceite con una expresión llena de melancolía. “Si tan solo mi padre no hubiera sido tan bondadoso como para creer en ellas, yo, el descendiente directo de mi clan, no habría terminado así, y quizás él seguiría con vida...”.

De repente, el sonido de la puerta del sótano abriéndose interrumpió sus pensamientos, provocando que su melancólica expresión fuera reemplazada por una mirada seria y rápidamente apagara la lámpara antes de cubrirse con una vieja colcha de algodón.

Entonces, la puerta se abrió de golpe y se escucharon los pasos de varias personas acercándose. La persona a cargo dio un paso adelante y pisoteó la cama de Brycen antes de gritar: “¡¿Acaso estás soñando con que eres el heredero del Clan Anderson?! ¡Ya levántate de una m*ldita vez!”.

Aquel hombre era el mayordomo del Clan Anderson, quien tenía un aspecto miserable y, por si fuera poco, también tenía una verruga en la frente, la cual solía asquear a los demás.

Brycen se sentó y se frotó los ojos antes de quitarse la colcha de encima para darse la vuelta y ponerse de pie. Luego, procedió a vestirse sin decir ni una palabra. Su ropa era bastante vieja, pero él se aseguraba de mantenerla limpia, ya que era muy meticuloso por naturaleza.

El mayordomo puso los ojos en blanco, criticó a Brycen una vez más e hizo un gesto con su mano para que varios hombres lo rodearan y le colocaran a la fuerza una gruesa armadura de cuero y grilletes.

Tan pronto como terminaron con ello, Brycen siguió a los sirvientes mientras salían del sótano y se dirigían al Centro de Artes Marciales.

El Clan Anderson poseía cientos de minas y millones de acres de tierra fértil, por lo que eran reconocidos como un clan grande y poderoso en el Condado Cong.

Sin embargo, a lo largo de toda la Región Oriental había miles de condados, los cuales albergaban a innumerables familias adineradas. Por lo tanto, el Clan Anderson tenía una presencia casi insignificante en la región.

Brycen fue escoltado por unos cuantos hombres mientras salía del lúgubre sótano, un ritual diario al cual él ya se había acostumbrado. Para llegar al Centro de Artes Marciales, primero había que pasar a través de numerosos pabellones, puentes y galerías.

Aquel lugar era un área abierta donde los niños del Clan Anderson iban a entrenar. Dos esculturas de mármol, una de un león y otra de una leona, decoraban la entrada, mientras que el suelo estaba hecho de una gran losa de basalto negro. Uno podía sentir todo el poder que emanaba de ese edificio con tan solo estar de pie frente a él.

En medio del Centro de Artes Marciales entrenaban docenas de niños vestidos con túnicas grises bajo la supervisión de un maestro.

Todos ellos, quienes parecían tener más de 10 años, gritaban y practicaban con toda su devoción.

Para ganarse el privilegio de tener un puesto dentro de la familia, cada niño necesitaba estudiar con diligencia y esforzarse mucho.

En este día de finales de otoño, el viento comenzó a aullar alrededor de los niños que estaban entrenando, pero, aun así, el sudor seguía cayendo por sus frentes. Aquel contraste entre frío y calor hizo que la atmósfera se llenara de una niebla blanca.

Entretanto, al otro lado del Centro de Artes Marciales, había más de una docena de hombres que también llevaban armaduras de cuero y grilletes. Ellos se veían decaídos y ensangrentados, sin mencionar que tenían heridas por todo el cuerpo.

Brycen fue llevado al interior del edificio y los guardias lo colocaron junto con el resto de hombres.

Dado que la mayoría de ellos habían sido comprados en prisiones locales, ahora eran esclavos del Clan Anderson, y su función era desempeñar el papel de blancos vivos para que los niños del clan pudieran entrenar y probar su fuerza, agrediéndolos arbitrariamente. Muchos de ellos morían o quedaban incapacitados durante las sesiones de entrenamiento, y con el tiempo el número de víctimas había crecido tanto que era casi imposible determinar cuántas vidas se habían perdido dentro de aquel lugar.

Por otro lado, Brycen no era un prisionero que había sido condenado a muerte, por lo que no fue comprado como esclavo. En realidad, él era el hijo mayor de la rama principal del Clan Anderson, y hubo un tiempo en que formó parte de la nobleza. Los demás miembros, incluidos los ancianos, solían inclinarse ante él y saludarlo con respeto.

No obstante, algo desastroso ocurrió en el Condado Cong hacía dos años. El padre de Brycen, el anterior jefe del Clan Anderson, había sido envenenado por su hermano, ocasionando que muriera en el acto.

Inmediatamente después de ello, las otras tres ramas del clan le tendieron una trampa a la rama principal y armaron un caso en contra del padre de Brycen, acusándolo de ser un rebelde. Su familia no pudo hacer nada en contra de esto, y no tardaron en perder todo su poder.

El joven Brycen, quien solía ser altamente respetado, también fue considerado como un rebelde y se convirtió en un esclavo más del Clan Anderson. Hoy en día, él era tratado como una herramienta cuyo fin era recibir los golpes de los niños del clan como parte de su entrenamiento de artes marciales.

Él llevaba dos años viviendo de esa forma, y ya había perdido la cuenta de cuántos puñetazos e insultos había soportado durante todo ese tiempo.

“La práctica de boxeo del día de hoy ha llegado a su fin. ¡Ahora escojan a uno de los esclavos para la siguiente parte de su entrenamiento! ¡Golpear a una persona les permitirá comprender las habilidades de combate reales y también les ayudará a familiarizarse con las debilidades del cuerpo humano y su estructura!”.

Una vez que el maestro terminó de hablar, cada uno de los niños comenzó a seleccionar al esclavo con el que entrenaría y, momentos después, se pudo escuchar a los hombres suplicando clemencia por todo el edificio. La realidad era que los niños del clan no trataban a los esclavos como si fueran personas, ya que fueron entrenados para golpearlos sin piedad alguna.

Muchos de ellos iban específicamente a por Brycen, ¡ya que golpear a un ex noble de la forma más violenta que pudieran los hacía sentirse más orgullosos de sí mismos!

Por su parte, cuando lo utilizaban como saco de boxeo, él solía proteger las zonas vitales de su cuerpo con mucha calma, puesto que llevaba haciéndolo desde hacía dos años y ya estaba acostumbrado.

Poco tiempo después, un grupo de personas, encabezadas por un joven vestido de forma muy elegante, ingresó al Centro de Artes Marciales.

“¡El hijo del jefe está aquí!”.

“Mi señor, veo que por fin ha concluido con su entrenamiento, y apuesto a que debe sentirse renovado en espíritu. ¡No me cabe dudas de que ahora usted es mucho más hábil y poderoso!”.

“El hijo de nuestro amo no solo es inteligente, sino que también es la persona más talentosa del Clan Anderson. Debe haberse vuelto mucho más fuerte y de seguro ahora se encuentra en el período superior de refinamiento de huesos”.

Los niños que se percataron de la llegada del heredero del clan dejaron de lado su entrenamiento para actuar de forma condescendiente, y algunos de ellos incluso se acercaron para elogiarlo, dejando en evidencia que estaban muy ansiosos por halagarlo.

La mirada de Brycen cayó sobre aquel joven, provocando que la ira comenzara a acumularse en su interior silenciosamente. Ese adolescente al que todos los niños adulaban se llamaba Phil Anderson, y era el hijo mayor de la segunda rama del Clan Anderson.

Ambos tenían la misma edad, pero cuando Brycen fue convertido en un esclavo, Phil lo reemplazó como el heredero del clan.

Brycen se enteró de que él se había ido a entrenar a un lugar aislado y que desapareció durante mucho tiempo, pero parecía que verdaderamente había mejorado bastante gracias a ello.

Phil era muy perceptivo, y se dio la vuelta para mirar a Brycen cuando se dio cuenta de que lo estaba observando con una expresión llena de odio. Entonces, se dirigió hacia él con una pequeña sonrisa y le dijo: “Debo admitir que no esperaba encontrarte con vida luego de haberme ido a entrenar durante tanto tiempo”.

“Gracias por preocuparte, pero descuida, estoy más vivo que la m*erda”, respondió Brycen con un tono de voz apagado.

“¡Cuidado con lo que dices! ¡¿Cómo te atreves a hablarle de esa forma al heredero del clan?!”.

“¡Recuerda que no eres nada más que un esclavo, así que arrodíllate ante él y discúlpate o te arrepentirás de haber nacido!”.

Varios niños del clan comenzaron a gritar como si Brycen les hubiera hecho algo imperdonable, pero él solo reaccionó mirando a su alrededor con indiferencia.

En el pasado, cuando todavía era el heredero del clan, todas estas personas solían comportarse como perritos cuando estaban frente a él, pues estaban demasiado asustados como para siquiera respirar en su presencia. Sin embargo, tan pronto como perdió su poder, la forma en que todo el mundo lo trataba no tardó en cambiar, y ahora todos ellos se habían convertido en los perritos de su primo.

Phil hizo un gesto con la mano para calmar a los niños que los estaban defendiendo y le dijo a Brycen con una sonrisa triunfante: “¿Sabes por qué me fui a entrenar cerrado?”.

Él se quedó en silencio ante su pregunta, y solo se limitó a mirarlo sin expresión alguna.